Clinical Research Insider

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El deporte como fuente de ética en los seres humanos

Por: Mtro. Manuel Vargas Almaraz*

Como bien lo señala el afamado psicólogo deportivo Pierre Parlebas, el deporte debe ser entendido ante todo como una situación motriz sujeta a reglas que definen una competición. Pudiera contrapuntearse a su raíz latina más añeja –entendiéndose como deportare, que significa trasladar o transportar fuera de las murallas de la ciudad-, es decir, se trata de una actividad y un momento de libertad, contra el cumplimiento de una normatividad.

La práctica ética ha generado una problemática a lo largo de la historia; se ha visto y seguirá viéndose empañada, sin importar el deporte en cualquiera de sus disciplinas, del nivel de competencia, o del nombre de la competición, pues no solo interviene el deseo de ganar de los diferentes atletas o participantes, sino que también el sector público y privado participan en tales praxis con el fin de probar fármacos regulados y no regulados, o bien para obtener mejores fondos de patrocinadores, en ocasiones llevado a cabo con fines y tintes políticos.

Ejemplos y casos de prácticas antiéticas han llegado a ser parte de producciones cinematográficas, de series de televisión y claro, de asuntos ventilados en las Cortes de diferentes países, teniendo consecuencias de penas privativas e inhabilitación de deportistas (y con ello la pérdida de sus preseas y reconocimientos) e, incluso, la inhabilitación de delegaciones enteras en los Juegos Olímpicos. 

Estos casos seguirán apareciendo todos los días, mientras el deporte desde sus niveles más básicos o amateurs sea visto con los ojos más puros que la poesía olímpica deportiva nos ha dado a conocer, dejando a un lado los intereses económicos, o bien, mientras se insista en demostrar que una población es superior en facultades físicas y deportivas que otras. Es importante recordar que el deporte y los negocios no se encuentran en constante pelea, sin embargo, la pelea estará en el momento en que olvidemos que éste último se adentra en el desarrollo integral de las personas, es decir, en su crecimiento desde el escalón más íntimo hasta su desarrollo en esta aventura que se llama vida.

Para que el deportista en cualquiera de los niveles de práctica pueda vivir la práctica de la ética, debe ser educado desde tres tópicos diversos, como son el cuerpo –body-, la mente –mind- y el alma/espíritu –soul-, es decir, el deportista visto como persona y no solo como un practicante de una actividad física.

*Mtro. Manuel Vargas Almaraz

Licenciado en Derecho, maestro en Impuestos; Bioeticista. Partner Director de la firma Ragna Legal & Consulting Group

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