Clinical Research Insider

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La importancia de recuperar la autosuficiencia en la producción de vacunas en México

Por: Alfredo G. Torres, PhD, MS*

“La pandemia de COVID-19 en México ha demostrado que la dependencia para obtener vacunas de empresas transnacionales es un asunto de vulnerabilidad y debe ser manejado como asunto de seguridad nacional.”

Una pandemia sin precedente, la comunidad científica elevando sus esfuerzos para desarrollar vacunas para combatir al virus SARS-CoV-2, y la colaboración de los gobiernos y las empresas farmacéuticas para producir y distribuir vacunas que ayuden a la población mundial a sobrevivir a la infección y tratar de detener la diseminación del virus. Pero ¿qué pasa cuando un país no tiene la capacidad de desarrollar o producir sus propias vacunas? Ese país se vuelve dependiente basado en la disponibilidad y distribución de vacunas establecidos por las organizaciones mundiales de salud y las empresas farmacéuticas.

¿Pero en qué momento México perdió la capacidad de producir sus propias vacunas? Históricamente, el país producía biológicos que fueron esenciales para la erradicación de la viruela en 1951, y la eliminación de la poliomielitis y la difteria a principios de los años 90s. Los avances en el desarrollo de biológicos y vacunas en México dio lugar al establecimiento de los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México, S.A. de C.V. (BIRMEX) en 1999, que tenía como objetivo plantear esquemas de asociación y alianzas estratégicas entre el gobierno federal y las empresas farmacéuticas para producir y comercializar biológicos e insumos médicos en beneficio de los mexicanos. Pero por diferentes motivos, el país perdió su autosuficiencia en la producción de vacunas en el año 2000 y a partir de esa fecha, todas las vacunas se importan.

Aun después de la pandemia de influenza H1N1 que apareció en 2009, donde el primer caso humano se originó en México, el país decidió encarar esta situación global, con decisiones y acciones establecidas en el Plan Nacional de Influenza Pandémica, que permitieron al gobierno y a su secretaría de salud controlar la primera ola epidémica en el país del siglo XXI. Pero esta experiencia pandémica no estimuló lo suficiente para que México reiniciara su capacidad de producir sus propios productos biológicos y vacunas.    

La pandemia de COVID-19 finalmente demostró la gran vulnerabilidad a la que está expuesta la población mexicana al depender de empresas extranjeras para obtener vacunas, lo que causó que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) invirtiera en el desarrollo de vacunas en el territorio nacional, resultando en la adquisición de la tecnología para evaluar en estudios clínicos la primera vacuna nacional conocida como “Patria”. La inversión financiera que se está realizando para evaluar la eficacia y seguridad de esta vacuna, con su subsecuente posible aprobación y uso en mexicanos, abre la posibilidad de que, si esto es exitoso, se puede pensar en que otras vacunas sean probadas y aprobadas en México.

Pero no solo a través de la adquisición de tecnología se puede recuperar la autonomía en las vacunas, también se requiere de un espacio donde se puedan desarrollar estas plataformas vacunales. Debido a dicha necesidad urgente, en junio del 2022, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Conacyt inauguraron el primer Laboratorio Nacional de Vacunología y Virus Tropicales en el país. Además, el IPN también anunció recientemente la creación del primer posgrado en Ciencia y Tecnología de Vacunas y Bioterapéuticos, lo que permite la formación de recursos humanos especializados en vacunas, a la vez que se restablece la infraestructura para desarrollar, evaluar y posiblemente aprobar las futuras vacunas mexicanas.
Pero como toda política nacional, se corre el riesgo de que, al cambio de gobierno, se reviertan dichos esfuerzos y esto resulte en un cambio en la política de ciencia y tecnología en el país, por lo que es importante que el desarrollo de vacunas se considere como un tema de seguridad nacional, lo que permitiría una continuidad en la reactivación de esta actividad esencial para la soberanía del país.

*Alfredo G. Torres, PhD, MS

Profesor distinguido de la Universidad de Texas (UTMB Health) de Microbiología e Inmunología. Fundador y actual coordinador de la Coalición Latinoamericana para la Investigación de Escherichia coli.

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