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Más que humano

Por: Humberto Orígenes Romero Porras*

Rescatar la obra de Sturgeon resulta necesario en el contexto de auge de la ciencia ficción que estamos viviendo. Un autor que fue influyente en las obras de Bradbury y Assimov debe leerse con cuidado. Más que humano, escrito por Theodore Sturgeon en 1953, es la historia de seis niños marginados por una sociedad estadounidense de mitad del siglo pasado que es profundamente racista y poco atenta al cuidado de las infancias. Insinuar este marco sociohistórico es una de las principales virtudes de Sturgeon. 

A lo largo de tres partes son descritas las personalidades de cada uno de los integrantes del Homo Gestalt, una entidad suprahumana que, sin embargo, carece de mayor explicación. Tal vez el punto débil de la obra es un planteamiento argumentativo que no ofrece razón alguna para que seis niños tengan habilidades sobrehumanas. Leer a Sturgeon es leer una prosa poética, un conocimiento magistral de la psique humana y la intromisión de un narrador que se vuelve personaje en sí mismo, a veces en primera persona y otras tantas desde la omnipresencia del narrador heterodiegético.

Narrando incluso en tercera persona, el relato ofrece narradores distintos que exploran a personajes atormentados o incapaces de la empatía humana. Cabe destacar la dificultad de plantear en Solo a un personaje que actúa por instinto; Sturgeon es capaz de entrar y salir de él para mostrar la evolución de un idiota en  un ingenioso organizador. Es loable el esfuerzo del autor en que su personaje aprenda a hablar. 

Más que humano es una obra cuya lectura requiere la complicidad de un lector que se verá abrumado por las primeras diez páginas de una novela que no volverá a soltar. Las constantes visitas al pensamiento de todos los personajes se vuelven una guía para comprender las motivaciones y las acciones de una novela en la que el tiempo carece de importancia. Ocho años pasan en unas cuantas líneas. 

Así, es imperativo no pasar por alto una cuidadosa observación de las cualidades estilísticas de una obra poco leída. A Sturgeon le interesa que conozcamos la soledad de los inadaptados mediante la sensación de soledad misma que provoca la lectura de la obra. El manejo de los conceptos psicológicos destaca cuando Gerry, el más lúcido de los personajes recurre al psiquiatra para aliviar su propia carga emocional. El Dr. Stern, el psiquiatra, después de accionar los “botones” adecuados se limita a ser como nosotros un testigo de la introspección a la que su paciente se somete.

Es aceptable incluso preguntarse si el creador de cómics Stan Lee no leyó a Sturgeon antes de crear a sus X-Men en 1963. Una obra en la que jóvenes con poderes son admitidos en un orfanato resulta tremendamente familiar para cualquier lector de Marvel.

Temas como la Gestalt, la psiquiatría y el racismo, hacen de Más que humano una obra en la que se exploran las preocupaciones de Estados Unidos en 1950. Resulta edificante ver a una niña con poderes telequinéticos (Janie) intentando levantar la camioneta de un granjero de aquellos tiempos, pues la obra ofrece una visita al pasado que nos demuestra su propia perspectiva del futuro.

Sturgeon, más que ciencia ficción nos ofrece una profunda exploración de una sociedad y sus problemas y preocupaciones, el anhelo de la compañía en el contexto de la posguerra. Leerlo es clave para quien piense que este género literario agotó sus recursos narrativos y recurre forzosamente a fórmulas acartonadas.

Humberto Orígenes Romero Porras*

Licenciado en Historia por la Universidad de Guadalajara. Exatleta paralímpico (2006-2017). Interesado en la relación entre el arte y la historia. Analista literario.

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