Clinical Research Insider

Los Bichos

Por: Dante Alducin*

Imagina una burbuja negra con un brillo verde metálico sobre una cama de gelatina, pero no se trata de una gota de pintura de algún auto deportivo. Es mas bien un mundo en miniatura, una colonia de bacterias o como me gusta llamarlas: “los bichos”.

Me acuerdo de aquellos días en que cultivaba estos bichos en sus agares y sus cajas de petri, me encantaba todo el proceso para lograr aquellas burbujas: exorcizar su “templo” con un mechero, dibujar con maestría el cultivo con un alambre y hornear como pastel. Y como resultado un micro universo con implicaciones casi metafísicas: seres infinitamente más pequeños regidos por condiciones diferentes a las nuestras. Para ellos el tiempo transcurre a una velocidad que nosotros consideraríamos de vértigo; nacen y mueren en un santiamén.

Si por alguna razón misteriosa tuvieran el alimento y las condiciones necesarias podrían cubrir la superficie de la Tierra en cuestión de horas ya que se multiplican a velocidades increíbles. Cuando alguna de ellas logra una ventaja sobre su medio, a veces la transmite a sus compañeras casi como si usara una memoria USB. Entre tantas otras habilidades sorprendentes para algo tan pequeño.

Recientemente, supimos que han moldeado la historia de la humanidad de maneras no obvias. Tomemos el caso de la tuberculosis a finales del siglo XIX, una enfermedad que inspiró en parte el movimiento del Romanticismo, una época en que la esperanza de vida era mucho más corta de lo que hoy siquiera podemos imaginar. ¿Cuál era la moda entre los aristócratas?, pues la gente se juntaba en casas de tuberculosos a lamentarse de la vida, socializar y… a morirse. No había nada más chic que morir de tuberculosis en aquellos días.

El ideal de belleza se volvió una cara pálida y delgada, moda que acabó por inspirar el Drácula de Bram Stoker y eventualmente el look gótico que conocemos hoy en día. Busca en Google la Madonna de Edvard Munch, cuya mamá y hermana se murieron del mismo bicho, y sabrás inmediatamente a qué me refiero con el romanticismo de la tuberculosis. Gustavo Adolfo Bécquer lo describió muy bien en su rima LXXIII:

Cerraron sus ojos,

que aún tenía abiertos,

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y unos sollozando,

otros en silencio,

de la triste alcoba

todos se salieron.

La luz que en un vaso

ardía en el suelo,

al muro arrojaba

la sombra del lecho;

y entre aquella sombra

veíase a intérvalos

dibujarse rígida

la forma del cuerpo…

…De la casa, en hombros,

lleváronla al templo,

y en una capilla

dejaron el féretro.

Allí rodearon

sus pálidos restos

de amarillas velas

y de paños negros.

Hasta hace un año dábamos por sentado un mundo sin infecciones, poca gente sabe que durante la primera mitad del siglo XX una epidemia de Tifus podía diezmar barrios enteros, nadie recuerda lo que era vivir bajo el azote de la Poliomielitis o peor aún, se nos ha olvidado lo que pasó con el SIDA en los 80´s.

La gente que conoce de los dramas de la microbiología, la infectología, la epidemiología y sus ramas hermanas es reducida y su trabajo bastamente ignorado. Pero ahora tenemos el COVID que, si bien es un virus, nos ha venido a dar una lección de humildad como seres humanos. Nos recuerda que siempre hemos estado en guerra con entidades que no podemos ver y que somos mucho más vulnerables de lo que pensamos.

Podría pensarse que este desconocimiento generalizado de los asuntos relacionados con “los bichos” nos está saliendo demasiado caro como especie en estos momentos: las teorías conspirativas, los antivacunas, la política sobre ciencia, etc. Y lo peor: la incapacidad de seguir reglas básicas y simples.

Pero lo cierto es que siempre ha sucedido de forma más o menos similar, desde los días de la peste negra hasta el SIDA, pasando por la lepra y la viruela. Lo que sucede es que hoy simplemente más personas tienen la posibilidad de expresar masivamente lo que les pasa por la cabeza, como decía José Saramago: “Se escribe más pero no se escribe mejor”.

Puedes educar a la población, pero el miedo instintivo siempre va a superar el raciocinio en tiempos inciertos. Creo que lo primero ni siquiera es aspirar a tener una población educada en “los bichos”, más bien es indispensable tener una población que aprenda a pensar, ya que de ahí se desprende lo demás. Entre otras cosas, tener la lógica para seguir instrucciones simples.

Una de las cosas positivas respecto a esta pandemia (porque cada crisis abre un montón de oportunidades) es que nos va a hacer valorar un poco más los avances que hemos tenido como especie. Nunca en la historia se había obtenido una vacuna tan rápido como ahora, nunca habíamos tenido los medios para librarnos en tiempo récord de un azote semejante.

Espero como resultado de esto, haya un interés masivo hacia este mundo que no podemos ver y que más personas puedan ver la belleza metafísica que encierra. Quizá tengamos más presente que por más que nos anestesiemos de la realidad con las aplicaciones, los streamings y las comodidades, no debemos olvidar que compartimos este planeta con “los bichos”, quienes siempre estarán allí para recordarnos que nuestro tiempo aquí, aunque eterno para ellas, es limitado, y que sería mejor aprovecharlo viviendo para lo que más nos importa.

*Dante Alducin, Q.F.B. con el programa Specialization in Leading People and Teams por la Universidad de Michigan. Tiene 12 años de experiencia en Investigación Clínica. Fundador de Blast! Academy y conductor del podcast Ruido Blast!

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