Clinical Research Insider

¿Funcionan los probióticos?

Por: Prof. Ignacio López-Goñi

Se calcula que el mercado global de los probióticos mueve más de 2.500 millones de dólares al año, y se estima que esa cifra puede fácilmente duplicarse en los próximos años. Se trata de un sector con una tendencia al alza: una población cada vez más envejecida y con más patologías, un consumidor cada vez más preocupado por su salud y unos productos de fácil acceso. 

Los probióticos se definen como “microorganismos vivos que, cuando se administran a una concentración adecuada, confieren algún beneficio saludable al hospedador”. Otros conceptos relacionados son los de prebióticos (un sustrato empleado selectivamente por los microorganismos del hospedador), simbióticos (una mezcla de ambos, microorganismos vivos y sustratos), o postbiótico (una preparación de microorganismos muertos y/o sus componentes). En todos los casos su consumo debe conferir un beneficio para la salud.

En la última década, la investigación sobre el microbioma intestinal ha experimentado un incremento exponencial y la cantidad de información que hemos acumulado es extraordinaria. Hoy sabemos que en realidad somos un complejo ecosistema lleno de cientos de millones de interacciones entre nuestras propias células humanas y nuestros microbios, y que de ese equilibrio depende nuestra salud. El estudio del microbioma humano ha ido acompañado de un interés creciente por los probióticos como una forma de manipular o modular nuestra microbiota. Por eso, cada vez hay más revisiones que intentan aclarar si los probióticos son realmente útiles, si pueden modificar nuestra microbiota, si tienen alguna eficacia o incluso algún efecto secundario. 

La confusa eficacia clínica de los probióticos

Existen multitud de ensayos que aseguran que los probióticos tienen un efecto preventivo e incluso terapéutico (curativo) de algunos problemas de salud: desde la diarrea aguda asociada al consumo de antibióticos o a infecciones por Clostridioides difficile, el síndrome del colon irritable, sepsis y enterocolitis neonatal, infección por Helicobacter pylori, infecciones respiratorias, dermatitis atópica, riesgo cardiovascular, e incluso la ansiedad o depresión. Muchos estudios han sugerido que los probióticos modulan la respuesta inmune al afectar la expresión de genes relacionados con la inmunidad y la inflamación. Los probióticos se han relacionado con la liberación de citoquinas y la secreción de IgA. También se ha sugerido que los probióticos pueden modular la microbiota original o normalizarla cuando está perturbada, inhibir y bloquear la colonización de otras bacterias patógenas, estabilizar la barrera epitelial, promover la secreción de moco o elevar los niveles de algunos compuestos como el butirato u otros ácidos grasos de cadena corta, con beneficio para la salud.

Lamentablemente, para la mayoría de estos casos existen al mismo tiempo trabajos similares con resultados negativos e incluso opuestos. A esta confusión contribuye que muchos efectos no se han comprobado en humanos o se ha hecho con un número estadísticamente no significativo, o solo se ha hecho con alguna bacteria concreta de probiótico. Existe además una enorme variabilidad de cepas distintas de bacterias y levaduras que se emplean en los distintos trabajos, no existe un consenso en las formulaciones ni en los protocolos metodológicos y de análisis de los resultados, y hay una alta heterogeneidad en términos de dieta, edad, sexo, genética y microbiota indígena de los individuos analizados. En muchos casos faltan evidencias y son necesarios más ensayos clínicos para comprobar si esos cambios que se asocian a los probióticos son realmente beneficiosos o no. Además, algunos efectos que se observan en modelos animales no necesariamente son trasladables a humanos, como, por ejemplo, el efecto de los probióticos sobre la ansiedad. Hasta el momento actual no existe ninguna declaración saludable (health claim) aprobada y autorizada para ningún probiótico. Esta discrepancia crea confusión y surge la duda de si los probióticos funcionan o no. La respuesta es clara: depende.

Los problemas de la colonización y la permanencia

Uno de los problemas todavía sin resolver con los probióticos es la capacidad de los microorganismos que los componen de hospedarse de manera estable en la mucosa intestinal y si esa colonización del intestino es necesaria para tener un impacto beneficioso en el hospedador. Sorprendentemente no ha sido muy estudiado si los probióticos que consumimos realmente colonizan la mucosa intestinal. En la mayoría de los trabajos se suele analizar la cantidad de probióticos que aparecen en las heces, pero no se suele examinar si realmente han colonizado el intestino o simplemente han “pasado de largo”. Así, se ha sugerido que existen dos tipos de personas: las permisivas, en las que los microorganismos probióticos colonizan y permanecen durante un tiempo en su intestino; y las resistentes, en las que los probióticos no colonizan el intestino y son rápidamente expulsados en las heces. Parece ser que es la propia microbiota intestinal preexistente la que determina si una persona es permisiva o resistente a la colonización. Existe por tanto una variabilidad individual y algunas personas se pueden beneficiar de los probióticos, mientras que en otras “pasan de largo” y no tienen ningún efecto. Esto en el fondo no es sorprendente, gente distinta responde de manera diferente al mismo medicamento, alimento, patógeno o probiótico.

Otra pregunta que nos podemos hacer es cuánto tiempo permanecen los microorganismos probióticos colonizando la mucosa intestinal, una vez que hemos dejado de tomarlos. Se han hecho varios estudios y la respuesta tampoco está muy clara. En algunos casos, el probiótico desaparece al cesar de tomarlo, en otros puede durar entre una y dos semanas, o incluso más. En general, los resultados sugieren que el tiempo que los probióticos permanecen en nuestro interior depende mucho del tipo de cepa empleada en la formulación del probiótico y, de nuevo, de cada persona.

Por tanto, esa idea general de que tomar una píldora con bacterias o levaduras “buenas” puede desplazar a las bacterias “malas” y mejorar mi salud, probablemente sea errónea: el que una persona que ya está sana tome probióticos para mejorar su salud general puede que no sirva para nada. Nadie nos asegura que ese probiótico concreto colonice nuestro intestino.

Otra de las dudas sobre los probióticos es si son efectivos para reponer la microbiota intestinal después de un tratamiento con antibióticos. Sobre esto también hay resultados contradictorios. Los efectos que causan los tratamientos con antibióticos en la microbiota nativa están asociados a muchos problemas de salud, desde infecciones, obesidad y alergias, hasta inflamaciones crónicas. Los antibióticos suelen alterar la diversidad de los microorganismos de la microbiota original, lo que facilita la colonización de las cepas exógenas de los probióticos. Pero esto a veces puede tener un precio: en algunas personas, las bacterias autóctonas de la microbiota original pueden tardar más tiempo en volver a su situación original. Esto sugiere que quizá, en algunos casos, el tomar probióticos retrasa el volver a la microbiota nativa.

El futuro: nuevos probióticos personalizados

Desde hace muchos años se han empleado como probióticos distintas especies de bacterias (Lactobacillus, Bifidobacterium, Enterococcus, E. coli, Bacillus, Prevotella, Streptococcus…) y levaduras (Saccharomyces, Kluyveromyces, Candida, Debaryomyces, Hansenula, Pichia…). Como estamos viendo, la efectividad de los probióticos depende de muchos factores: la calidad del producto, la cepa específica de bacteria o levadura que tiene características únicas y que puede tener efectos diferentes, la cantidad o dosis del microorganismo, la viabilidad y estabilidad (los probióticos deben estar vivos y activos en el momento en que se consumen para que puedan tener un efecto beneficioso), la compatibilidad y el estado de salud del hospedador, la duración de su empleo, la sinergia con otros componentes o nutrientes específicos, etcétera.

Modificar nuestra microbiota es mucho más complejo de lo que creímos. No todas las formulaciones o combinación de cepas probióticas han sido clínicamente validadas. Es necesario consensuar protocolos y ensayos clínicos multicentro rigurosos y de calidad, que estudien la eficacia y los posibles efectos secundarios, especialmente en niños, inmunocomprometidos y personas enfermas. Se pueden investigar y ensayar nuevas cepas recombinantes y nuevas combinaciones de especies de bacterias y levaduras, o combinarlo con nuevos prebióticos o postbióticos. También se están estudiando nuevas fórmulas de administración, como la microencapsulación, para favorecer la viabilidad y estabilidad de los microrganismos. 

A finales de 2021, Akkermansia muciniphila, una bacteria aislada por primera vez en 2004 a partir de heces humanas y cuya presencia se ha correlacionado con un buen estado de salud, fue aprobada como alimento por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Es la primera bacteria aprobada como alimento. En realidad, no es un probiótico, ya que la bacteria no se administra viva, sino muerta, pasteurizada. Akkermansia muciniphila es un buen ejemplo de esas bacterias intestinales beneficiosas de las que tenemos mucho que aprender.

El futuro de los probióticos es apasionante. Quizá dentro de unos pocos años secuenciarán nuestra microbiota intestinal y según su composición y diversidad, nos recetarán un cóctel de microorganismos concreto y personalizado, quizá encapsulado y combinado con otros prebióticos, como un remedio concreto para determinadas dolencias. El futuro de los probióticos es también parte de la medicina personalizada. 

Algunas referencias para saber más:

Suez, J., y col. (2019). The pros, cons, and many unknowns of probiotics. Nat Med. 25(5):716-729.

Reis, D.J., y col. (2018). The anxiolytic effect of probiotics: A systematic review and meta-analysis of the clinical and preclinical literature. PLoS One. 13(6):e0199041.

Zmora, N. y col. (2019). Personalized gut mucosal colonization resistance to empiric probiotics is associated with unique host and microbiome features. Cell. 174(6):1388-1405.

Suez, J. y col. (2019). Post-antibiotic gut mucosal microbiome reconstitution is impaired by probiotics and improved by autologous FMT. Cell. 174(6):1406-1423.

Jennifer Abbasi, J. (2019). Are probiotics money down the toilet? or worse? JAMA. 321(7):633-635.

Prof. Ignacio López-Goñi 
Doctor en Biología y Catedrático de Microbiología, Facultad de Medicina, Universidad de Navarra (Pamplona, España). Miembro de la Sociedad Americana de Microbiología (ASM), de la Asociación Española de Comunicación Científica, y presidente del grupo de Docencia y Difusión de la Sociedad Española de Microbiología (SEM).

Premio de Divulgación Científica Fundación Lilly, Premio COSCE a la Difusión de la Ciencia, y  Premio CSIC-Fundación BBVA de Comunicación Científica (2021). En 2023 ha recibido el Premio Comunicación de la Ciencia en Español. E-mail: ilgoni@unav.es Twitter: @microbioblog

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