Clinical Research Insider

Retos en la investigación clínica; antagonismos y desafíos superados

Por: Dra. Ana Villaseñor-Todd

“La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.” – Albert Einstein 

Ralentizar la ciencia significa volver a ser capaz de aprender, volver a familiarizarse con las cosas, volver a tejer los lazos de interdependencia. Significa pensar e imaginar y, en el proceso, crear. Significa, por lo tanto, crear entre nosotros y con los demás el tipo de relación que funcione para personas que se necesitan mutuamente para aprender -con los demás, de los demás, gracias a los demás- lo que exige una vida digna de ser vivida, y los conocimientos que valen la pena ser cultivados (Stengers, 2018 , p. loc 1, 366).

En México comenzamos el mes de mayo con el decreto que señala el fin de la emergencia sanitaria del covid-19, iniciada el 23 de marzo de 2020, hace tres años. Cuatro días después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciara el final de la emergencia a nivel internacional. La pandemia por el coronavirus ha dejado en México alrededor de 334.000 muertes y más de siete millones de contagios desde su inicio, según las cifras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). 

Al inicio de la pandemia, cuando todo mundo pausó sus actividades, incluyendo mi proyecto de investigación en el campo clínico y en el laboratorio, una década empleada en el estudio de la encefalopatía hepática mínima estaba amenazada. En ese momento fui testigo del deceso de miles de profesionales de la salud y yo, a cargo del proyecto de investigación, tenía que revisar las condiciones de seguridad de cada uno de los investigadores y de la población de estudio antes de pensar en continuar con las metas comprometidas. 

Gracias a las maravillas de Zoom, con el propósito de salvaguardar la seguridad de los miembros del equipo de investigación, nos enlazamos de forma emergente con el presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, en aquel entonces el Dr. Bernardo Ng. Ambos invitamos al equipo al Dr. Marlon Saavedra y a la Dra. Sandra Patricia Caicedo; con la firme intención de tomar decisiones de forma razonada, nos pusimos a trabajar.   

No podíamos permanecer inherentes mientras prácticamente el mundo colapsaba. Iniciamos nuestra reflexión con una lluvia de ideas entre las que destacó el filme protagonizado por Jim Carrey, Stanley Ipkiss, el famoso personaje de La Máscara, quien dictaba en su más famoso guion: Es (La Máscara) un lazo de fuerza… Se supone que debe hacerte sentir poderoso. Este diálogo cinematográfico se adapta perfectamente al protagonismo de las mascarillas durante la pandemia por covid-19, convirtiéndose en un sinónimo de autoridad, una posesión valiosa. 

El simbolismo psicológico de la máscara se explica por el uso de las expresiones faciales para construir ideas sobre sentimientos y deseos, por lo que la distorsión suscitada por la mascarilla fomenta una respuesta individual que funciona en dos modos: uno controlado y otro implícito. Después, nuestra charla se vio sumergida en la historia de las famosas máscaras de “médico de la plaga”, descritas por Charles de Lorme.  

Martin Kirschner (1879-1942) describió su necesidad en un capítulo de su teoría operativa: “Medidas para combatir infecciones”. Se utilizó en el campo quirúrgico por primera vez en Alemania y Estados Unidos en la década de 1920. El uso de equipo de protección contra infecciones respiratorias dentro del ámbito clínico no tenía cuestionamiento con relación a su utilidad. Esto permitió trasladar dicha medida a la población general con un impacto benéfico, por lo que incluso las mascarillas elaboradas con materiales caseros se consideran una mejor alternativa a la ausencia de protección. 

Al inicio de la pandemia, la recomendación general respecto al uso de mascarillas era la de racionalizarlas al ámbito médico, pues se consideraba que la evidencia no proveía información contundente para indicarla de manera amplia. Sin embargo, la preocupación de nosotros y de toda la comunidad científica generó un debate que llevó a la difusión de múltiples publicaciones que soportan su utilidad. Tras sopesar los datos científicos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó la pauta para el uso generalizado. La revisión sistemática y metaanálisis que Lancet publicó en junio de 2020 fue el respaldo final a favor de la indicación. Lamentablemente, no todos los países (incluido México) habían considerado hacer de esta medida un elemento obligatorio para sus ciudadanos. 

Dadas las circunstancias, optamos por  realizar un  estudio observacional, descriptivo y transversal. El objetivo fue realizar una comparación entre los países que habían adoptado una política más estricta frente al uso de mascarillas como medida de protección de la enfermedad covid-19 contra aquellos que no, comparando la proporción de infectados y fallecidos por el virus SARS-CoV-2. 

Recabamos la información de las cifras de casos y muertes por covid-19 registrados en la página oficial del centro de recursos de coronavirus de la universidad Johns Hopkins. El tipo de política frente al uso de mascarillas se obtuvo de la página oficial del movimiento #MASK4ALL, y se sumó una variable de aplanamiento de la curva, con datos obtenidos de la página oficial del movimiento ENDCORONAVIRUS.org. La fecha para recabar los datos fue el 30 de agosto de 2020. En nuestro trabajo encontramos una relación significativa entre la política de uso de mascarilla y el número de contagios, lo que respalda los hallazgos previos. El análisis realizado hasta ese momento fue útil. 

La recomendación del uso generalizado de mascarilla era una medida válida y con suficiente respaldo científico para reducir el número o la velocidad de contagios por el virus SARS-CoV-2, e incluso nos daba evidencia científica disponible apoyando su impacto en la mortalidad/letalidad, por lo que se hacía necesaria su consideración al momento de establecer medidas de contención para episodios críticos similares al de la reciente  pandemia. Más tarde, Eureka! Pese a la pandemia y a que nos enfrentamos a una modificación en la técnica de cuantificación de los productos de estrés oxidativo, incluimos al Dr. Lázaro, un entusiasta estudiante de medicina que llevaría herramientas curriculares de gran valor al término de la rotación. Porque inesperadamente teníamos listo un manuscrito de suficiente valor científico para respaldar a  tomadores de decisiones, que además no habían incrementado los costos del proyecto. 

Al contar un poco de esta fantástica aventura en mi esfera como investigadora clínica pretendo exponer un ejemplo de cómo la movilización de conocimientos y el desarrollo de capacidades en sitios paralelos puede producir investigación de manera flexible para mejorar los servicios de salud.

En el recuento de los daños nadie habla de los huerfanos de la pandemia. La pandemia de la covid-19 ha dejado más de 765 millones de diagnósticos y 6,9 millones de muertes a nivel global, según el recuento oficial, aunque la propia OMS elevó la cifra a 20 millones de vidas perdidas con relación a la enfermedad.

La contracción económica que la pandemia por covid-19 ha provocado (en México de alrededor del 8.5% del PIB durante 2020 según datos del INEGI arrojados en 2021) se traduce en una reorientación del presupuesto público y en una reducción del financiamiento internacional y privado, particularmente en áreas no dedicadas directamente a la prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.  La ciencia en México es uno de tantos huérfanos que deben ser atendidos de forma emergente. 

En general, experimentamos una ralentización en todos los procesos administrativos y de gestión, incluyendo el acceso a servicios analíticos (de caracterización de materiales y otros), dado que muchos técnicos de laboratorio no estaban laborando, o bien, porque se trabajaba con el mínimo de personas posible. 

Tuvimos dificultades en el acceso y mantenimiento de equipo (las cadenas de suministro de los reactivos de laboratorio  se vieron muy afectadas en todo el mundo), así como en la adquisición de materiales o componentes de equipamiento de laboratorio (porque los técnicos especializados del extranjero que dan servicio a ciertos equipos no tenían permitido viajar a México). Incluso, para los casos en el área de la investigación clínica, el acceso a muestras hospitalarias o de campo también se vio retrasado, afectando la entrega en tiempo y forma de avances o resultados de investigación. Lo mismo aplica para el caso de experimentos con organismos vivos, pues las normativas para evitar contagios habían limitado ese tipo de trabajo.

Los científicos de los países en desarrollo deben permanecer enfocados y ser conscientes de la ciencia de vanguardia, independientemente de cuán rápido o lento estén realizando sus propias investigaciones. Favorecer el avance responsable y planeado en el campo de la investigación clínica es necesario. La actual situación de crisis sanitaria y sus estragos puede ser una oportunidad para propiciar una demanda de la comunidad. Es también una oportunidad para avanzar en materia de normalización y regulación, así como para propiciar mejores prácticas de investigación, docencia, administración y gestión institucional, de tal manera que se pueda cimentar la resiliencia en la actividad científica y educativa del país. Esto implica que la investigación y la evaluación deben adoptar una forma más práctica y participativa para apoyar el aprendizaje continuo.

Referencias 

Saavedra-Delgado, Marlon E., Villaseñor-Todd, Ana, Caicedo-Agudelo, Sandra P., Lázaro-Presenda, David A., & Ng-Solís, Bernardo. (2021). Impacto en la morbimortalidad por COVID-19 según las regulaciones del uso de mascarilla. Gaceta médica de México, 157(3), 288-295. Epub 13 de septiembre de 2021. Recuperado desde: https://doi.org/10.24875/gmm.20000801

Delgado Ramos, G., Zanella, R., Cota Araiza, L., & López Torres, R. (2021). Impacto de la pandemia COVID-19 en la investigación y docencia en las nanociencias y la nanotecnología en México. Mundo Nano. Revista Interdisciplinaria En Nanociencias Y Nanotecnología, 14(27), 1e-19e. Recuperado desde: https://doi.org/10.22201/ceiich.24485691e.2021.27.69685

Thomaz, S., & Mormul, R.. (2014). Misinterpretation of ‘slow science’ and ‘academic productivism’ may obstruct science in developing countries. Brazilian Journal of Biology, 74(3), S001–S002. Recuperado desde: https://doi.org/10.1590/1519-6984.03013

Jorm, C., Iedema, R., Piper, D., Goodwin, N., & Searles, A. (2021). “Slow science” for 21st century healthcare: reinventing health service research that serves fast-paced, high-complexity care organisations. Journal of health organization and management, ahead-of-print(ahead-of-print), 701–716. Recuperado desde: https://doi.org/10.1108/JHOM-06-2020-0218

Dra. Ana Villaseñor-Todd

Científica, médica de profesión y empresaria mexicana investigadora destacada por sus estudios en encefalopatía hepática mínima, estrés oxidativo, calidad de vida y cognición social. Certificada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como facilitadora de MhGap; CEO en Health Care Solution, VICOMMA Group.

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