Clinical Research Insider

Y la dosis hace al veneno

Por: Dante Alducin

Me gusta ver brillar las copas Riedel de alta cristalería bajo la luz adecuada. Resalta los rojos intensos del Malbec e incluso vuelve más apetecible un Pinot Noir si se sirve en la copa destinada a tal uva. Lo que no mucha gente sabe es que crearon un vaso especial para tomar Coca-Cola, diseñado para extraer y disfrutar todas sus propiedades. Algo peculiar tomando en cuenta las cada vez más frecuentes campañas en contra de la mítica bebida, cada vez existe más consciencia de los efectos que puede tener su consumo.

Me pregunto si John Pemberton, un ex soldado confederado, habría imaginado siquiera la mitad de las repercusiones que tendría su creación, concebida originalmente como estimulante y afrodisiaco que alargaba la vida. En un principio se trataba simplemente de un tipo de medicina alternativa para curar su adicción a la heroína, que por aquellos tiempos se podía comprar en cualquier farmacia. La obsesión de Pemberton era crear la medicina final y decidió adicionar a la Coca-Cola nada más y nada menos que cocaína (de ahí su nombre), sin embargo, al descubrirse su potencial adictivo esta se sustituyó por cafeína.

Desde entonces la Coca-Cola ha pasado de ser un producto medicinal de baja calidad a una bebida refrescante y a ser satanizada por poco saludable, símbolo de la hegemonía estadounidense y muchas cosas más… Más allá de lo mucho que podamos odiar o amar a la Coca-Cola, al grado de catarla en vasos Riedel, esta nos da una importante lección: lo que hoy se considera un producto medicinal novedoso o un “súper complemento alimenticio”, en unos años puede ser repudiado, amado o destinado a usos diferentes. Todo depende del contexto.

Algo que poca gente sabe es que todo lo que consumimos e incluso el aire que respiramos tiene cierta toxicidad. La única manera de no envejecer sería no respirar y eso nos mataría en pocos minutos. Siempre se descubrirá toxicidad adicional de cualquier cosa que consumamos porque cada vez tenemos métodos más refinados y diferentes directrices de medición.

Ya lo dijo el mítico alquimista Paracelsus, padre de la toxicología: “Dosis sola facit venenum” o bien, “Solo la dosis hace al veneno”. ¿Qué nos queda hacer como consumidores?, tener algo de sentido común para consumir medicamentos solo cuando nos los receten y evitar los productos milagro porque no existen. Algo tan simple de decir es bastante más difícil de lograr. Siempre nos gusta tomar atajos para obtener resultados y eso es imposible, derivándose dos escenarios de esto.

El primero es la falta de información y educación, lo cuál se debería evitar a toda costa. El segundo es que, aunque la gente tenga dichas herramientas, prefiere no hacer caso del sentido común con las debidas consecuencias, eso en mi opinión es selección natural y no se puede detener. 

Mientras tanto, seguiré disfrutando de cuando en cuando una Coca-Cola en cristal Riedel.

Dante Alducin

QFB con el programa Specialization in Leading People and Teams por la Universidad de Michigan. Tiene 12 años de experiencia en Investigación Clínica. Fundador de Blast! Academy y conductor del podcast Ruido Blast!

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